Celebrando la Navidad

Cuando la paz romana, reinaba en Israel

y ya todo estaba preparado

para que Dios cumpliese la promesa

de enviar al mundo a su Hijo amado.

 

Un cantico sonó a la media noche

en los campos de Belén, ya relumbrados

del resplandor que aparece a los pastores

que al momento se quedan muy turbados.

 

Más un angel  les dice: No temáis,

es que Dios se os ha manidestado

en el Cristo, el Señor que os ha nacido,

mucho tiempo ya antes anunciado.

 

Mas hoy se cumple así la profecía

y Dios envía al mundo a su Hijo amado,

viendo la condición del pecador,

llevando El, el problema del pecado.

Le encontrareis  acostado en un pesebre

humilde cual niño desvalído

mas es el Hijo del eterno Dios,

que viene a salvar al perdido.

 

Esto sucedió hace mas de dos mil años

más hoy con mayor gozo es celebrado,

teniendo una certeza confirmada,

sabiendo que todo ha sido consumado.

 

Cristo vivió en este mundo haciendo bienes

y dió su vida en rescate en el Calvario,

solamente te pide que le aceptes,

convicto, contrito y humillado.

 

El quiere nacer en esta noche,

en cada corazón aquí presente,

y promete que será en tu vida,

cual rio de agua viva permanente.

 

Entonces nacerá en ti la alegría,

la luz se encenderá en tu camino,

y marcharás con plena certidumbre

hacia la patria, cual gozoso peregrino.

 

Y así celebrarás la Navidad

con sentido del buen significado,

y en Espíritu y verdad adorarás

al Dios eterno que envió a su Hijo amado.

 

         Tomás Acuña Solla

 

 

Anuncios

Llega la Navidad

 

Me fijo en mí alrededor

y veo la Navidad que está llegando,

y me entra confusión.

¿En qué se está la Navidad manifestando?

¿En luces que adornan nuestras calles,

representando montañas nevadas?

¿En las gentes cargadas de paquetes,

haciendo compras que son innecesarias?

¿En los que vienen de lejanas tierras,

para pasar las fiestas en familia,

sin más sentido que es la navidad

y la familia debe estar unida?

Que hermoso tener el sentimiento

de gozo, de paz y de contento.

Que Cristo nació allí en Belén

para traernos al mundo sumo bien.

Y vivió en este mundo haciendo bienes,

y dio su vida en rescate en el Calvario,

ocupando en la cruz nuestro lugar,

llevando sobre sí nuestro pecado

¡Como debemos en nuestro pensamiento

acercarnos a Belén como los magos en su tiempo y adorar al niño Dios con más razón

pues vemos hecha nuestra redención!

 

¡Jesús de Nazaret, que maravilla!

El don de Dios venido desde el cielo,

bajando en humildad hasta este suelo

a dar al hombre el eternal consuelo.

 

¡Jesús de Nazaret, que maravilla!

El santo Hijo de Dios al mundo enviado

para morir en una cruz por mi pecado

y darme salvación.

 

                           Tomás Acuña Solla

 

El desafío a creer

Jaime Fernandez

 

El conocido actor Robert Redford, afirmaba en una entrevista a la revista El Semanal: “No creo en los políticos ni en instituciones ni en la industria del cine… Sólo en la naturaleza. Y en el que la diseñó, quien fuera que fuese”

Quizás muchos estaríamos de acuerdo con la primera parte de la frase. Cuando hablamos de “creer” y “confiar”, la mayoría de instituciones, políticos, artistas, etc. no parecen ser los que más credibilidad nos inspiran. Mucha gente se siente decepcionada: confiaron en alguien y ese alguien les defraudó. No importa a veces quién sea, incluso si es uno de nuestros mejores amigos, parece que si se trata de confiar, las personas no hemos ganado mucho en cuanto a fidelidad. Todos fallamos, y todos nos sentimos defraudados.

Sólo hay alguien que jamás nos decepciona y es Dios mismo. Si vivimos sin confiar en Él, perdemos el único “ancla firme” que tiene nuestra vida. Si le damos la espalda a quién más nos ama, jamás tendremos paz en nuestro corazón.

Algunos no se “atreven” a ser tan directos, y prefieren creer en la naturaleza y en quien la diseñó. Claro, a todos nos encanta la vida, lo que vemos, lo que disfrutamos. Todos vivimos admirando el color, la fragancia, los sonidos, los abrazos, la amistad, el cariño… Y cuando no queremos poner “nombre” a nuestro Creador, llegamos a decir que sea quien sea que lo haya hecho tiene que ser admirable.

Mucha gente vive pensando y diciendo “ya tendré tiempo para las cosas de Dios más adelante”. Saben que Él está ahí, pero el desafío a creer es demasiado grande para ellos. Cuando llegan los últimos momentos de la vida, todos quisieran volver atrás para vivir de una manera diferente. Volver a tener fuerzas para creer. Volver al pasado para decidir disfrutar más, amar más, vivir de otra manera.

Todo en la vida depende de aquello en lo que creemos. Si confiamos en otras personas, instituciones, credos, relaciones o incluso verdades científicas, tarde o temprano vamos a sentirnos decepcionados. Todas esas cosas no son malas, pero el problema es que no son perfectas. Nuestro corazón necesita a alguien absolutamente perfecto para confiarle su existencia.

Alguien como el Señor Jesús. Alguien que no nos decepciona nunca. Alguien que creó todo lo que vemos con la punta de sus dedos. Alguien en quien podemos creer y confiar. Para siempre.